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MOSAICOS CIVILES Y RELIGIOSOS
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UN RENACIMIENTO PARISINO, 1867-1945
Tras el apogeo de los imperios romano y bizantino, el gusto por el invento griego del mosaico se vio mermado durante la Edad Media y el Renacimiento, sobre todo en Francia, donde se enfrentaba a la competencia del vitral. Gracias a las excavaciones arqueológicas y a las primeras restauraciones del siglo XIX, éste reconquistó el primer plano y afianzó su nuevo estatus durante el Segundo Imperio y la Tercera República.
Este renacimiento debe mucho a los artistas italianos, procedentes de Frioul y de Véneto (Facchina, Salviati, Odorico y Mazzioli, contratados por Garnier desde 1867 hasta 1875 para la decoración de la ópera). No tardaron en seguir su estela artistas franceses como Guilbert-Martin, que participó en 1876 en la creación de una escuela efímera de mosaicos en Chennevières vinculada a la Manufacture de Sèvres, o los Mauméjean, mosaistas y maestros vidrieros, durante el periodo de entreguerras.
El renacimiento de los mosaicos acompañó al ritmo marcado por las Exposiciones Universales, que ofrecieron a los artistas una vitrina para sus obras (sobre todo en 1855 y en 1867) y la ocasión perfecta para ornamentar edificios prestigiosos (el palacio del Trocadéro en 1878 o el Petit y el Grand Palais en 1900).
De 1870 a 1900, la decoración con mosaicos se multiplicó en todos los edificios parisinos e incluso tomó la calle de la mano del art nouveau. Este renacimiento no perdió ni un ápice de su impulso durante el periodo de entreguerras, al igual que la renovación del arte religioso y el gusto renovado por las técnicas antiguas. Aunque los talleres de decoración volvieron a su trabajo durante la Ocupación y se hicieron algunos ensayos de mosaicos urbanos, la técnica empezó a declinar tras la guerra.
(Distrito 13) 186, rue de Tolbiac Charles Mauméjean, 1937-1941
Iglesia Sainte-Anne-de- la-Butte-aux-Cailles
La construcción de la iglesia Sainte-Anne-de-la- Butte-aux-Cailles terminó en 1912 pero no fue decorada hasta 1937-1941. Los vitrales y mosaicos (acordes con el estilo románico y bizantino del edificio) que representan a la Virgen y a santa Ana son obra de Charles Mauméjean (1888-1957). La empresa de vitrales y mosaicos Mauméjean, creada en Pau por Jules-Pierre Mauméjean en 1860, conoció su máximo esplendor en el periodo de entreguerras gracias a su capacidad de realizar en poco tiempo y con un coste reducido decorados originales y de calidad. De los tres hermanos, Charles, Joseph y Henri que sucedieron a su padre, fue el primero quien firmó la mayoría de los decorados parisinos. Arquitecto de formación e interesado por las búsquedas artísticas de su época, plasmó su visión global del decorado en Saint-Dominique (1921), en la capilla Sainte Teresa del Niño Jesús (1927), en Saint- Pierre-de-Chaillot (1935-1938), e incluso en la capilla del columbario de Père- Lachaise (1952).
Los mosaicos omnipresentes (en paredes, tabernáculos, altares, comulgatorios y suelos) mezclan minúsculas teselas de pasta de vidrio, enormes cabujones de cristal prensado y realces de frescos.
En la capilla axial dedicada al Sacré-Coeur, detrás del Cristo en la tumba en relieve situada delante del altar, unos ángeles alados presentan el Santo Rostro y la corona de espinas y adornan el nicho. Se encuentra flanqueado en los extremos por dos grandes cuadros de mosaicos: a la izquierda, Cristo y los niños y, a la derecha, Cristo y los trabajadores.
La dimensión arcaica introducida por la técnica queda compensada por el grafismo nervoso y por los detalles prosaicos (el tablero, el montante, el aldabón y las chimeneas de fábrica) que permiten que la modernidad se abra paso en el decorado.
(Distrito 12) 79, rue Alexandre Dumas Charles Mauméjean, 1943
Iglesia San Juan Bosco
A instancias del Padre Siméoni, el arquitecto Rotter edificó entre 1933 y 1937 la iglesia San Juan Bosco, uno de los testimonios más coherentes de Chantiers du Cardinal. A pesar del ajustado presupuesto (exclusivamente con aportación privada), se adjudicó una parte importante de éste a la decoración (vitrales, mosaicos y frescos), realizada casi en su totalidad por Charles Mauméjean.
El artista aplicó un arte heterogéneo en el que las materias se mezclan de forma inextricable: desde frescos realzados con mosaicos parcialmente dorados con cabujones de cristal hasta mosaicos de cristal con cabujones de cristal retallado y prensado, vidrio texturado, opalina y teselas de pasta de vidrio. Las omnipresentes teselas inundan tanto las paredes de la iglesia (suelos, pilares, paredes, techo) como su mobiliario (tabernáculos, altares, baptisterio, púlpito, relieve de la Crucifixión, viacrucis). En torno a la dedicatoria a San Juan Bosco y a la invocación particular a la Virgen, la iconografía alterna réplicas de modelos anteriores y creaciones originales.
Sobre el gran panel de mosaico realizado en 1943 en el brazo izquierdo del transepto, la iconografía escasa y explicada en la filacteria recuerda el origen de la devoción a María Auxiliadora: María recibió el título de auxiliadora de los cristianos en la batalla naval de Lepanto contra los turcos en 1571, retomado en 1683 durante el sitio de Viena y, finalmente, en 1814 Pío VII atribuye su vuelta a Roma gracias a la intercesión. Cabe destacar la diversidad de tamaños y de aspecto de las teselas así como el dinamismo de las líneas, la riqueza y el movimiento de la composición, la yuxtaposición y, por último, las superficies ilusionistas y otras más sintéticas.
(Distrito 18) Place del Atrio del Sacré-Coeur Lucien y Henri-Marcel Magne, Luc-Olivier Merson y Marcel Imbs, Maison Guilbert-Martin, 1911-1923
Bóveda de cascarón del coro, Sacré-Coeur de Montmartre
La débil claridad interior del Sacré-Coeur queda compensada por el resplandor de un decorado saturado que domina tanto las paredes (bóveda de cascarón, cúpula, paneles murales) como el mobiliario litúrgico (cruz de la consagración, viacrucis, pila de agua bendita, altar). El arquitecto optó deliberadamente por los mosaicos en detrimento de los frescos. Se trata de una técnica muy apreciada y menos vulnerable a la intensa humedad del lugar. Además, su elección respondía a la arquitectura de estilo románico-bizantino de Abadie, una referencia a Sainte-Sofía de Constantinopla, al mausoleo Gala Placidia en Rávena y a la basílica Saint Marco de Venecia. En esta obra de arte francés, no tuvieron cabida los mosaistas italianos ya que encargó este trabajo a la casa Guilbert-Martin, que realizó la práctica totalidad de los mosaicos de esmalte y de oro.
El mosaico de la bóveda de cascarón del coro es obra de cuatro artistas. En 1911, Luc-Olivier Merson (1846-1920), el gran artista cristiano, Premio de Roma y miembro del Instituto, tomó las riendas de la dirección artística. Lucien Magne le ayudó en la ejecución de la maqueta y de los cartones. Tras el fallecimiento de éste en 1916 y de Merson en 1920, fueron dos alumnos de este último, Henri-Marcel Magne y Marcel Imbs, quienes se ocuparon de la obra, que terminó en 1923. El trabajo requirió la realización de múltiples esbozos y diseños previos, retomados, agrandados y posteriormente enviados al mosaista. Su equipo consiguió realizar en un tiempo récord una auténtica proeza técnica: en tres meses, cinco hombres consiguieron cubrir una superficie de 473 metros cuadrados. A título meramente indicativo, cabe indicar que la cabeza de Cristo mide dos metros de alto y para crearla se necesitaron 25.000 teselas que pesaban 68 toneladas en total.
El mosaico resume simbólicamente la historia de la devoción al Sacré-Coeur. En el centro se encuentra un Cristo monumental que muestra su corazón y extiende sus brazos protectores al mundo cristiano. En torno a éste y a sus pies, la Virgen María, san Miguel, el papa León XIII, Juana de Arco y Francia, le presentan los principales predicadores de este culto, desde los primeros mártires hasta Alexandre Legentil y Rohaut de Fleury, promotores de la construcción de la basílica. Las reminiscencias medievales explican las líneas rojas festoneadas que dividen la composición, el fondo azul que resalta los colores vivos, el tamaño de los personajes en función de su importancia jerárquica así como la presencia material de arquitecturas fantasiosas.
(Distrito 8) Place de la Madeleine Charles Joseph Lameire y Auguste Guilbert-Martin, 1888-1893
Bóveda de cascarón, iglesia Sainte Marie Madeleine
El mosaico de la bóveda de cascarón de Madeleine, que no estaba previsto en el proyecto inicial, fue realizado 50 años después de que finalizara la obra, de 1888 a 1893. El cura LeRebours deseaba dar calor a un espacio hasta entonces recubierto de compartimientos geométricos de mármol de varios colores. A pesar de las dudas planteadas (la arquitectura de estilo griego quedaría alterada por un decorado de carácter bizantino y, además, el decorado podría recargar el espacio y dispersar la atención), la comisión de arquitectura de la ciudad dio su consentimiento. Esta nueva decoración corrió a cuenta de los mayordomos, el cura y los feligreses.
El mosaico completa la Historia del cristianismo ilustrada arriba por Jules Ziegler. En 120 metros cuadrados representa los Orígenes de la fe cristiana en las Galias: el Cristo de la Resurrección se encuentra en el centro rodeado por los principales santos que fueron sus discípulos y extendieron la religión en Francia. En algunos rostros se reconocen los rasgos de Charles Garnier (saint Ursin), del Sr. Alphand (saint Jorge) o del propio pintor (saint Front). Las figuras destacan en un fondo dorado, en un espacio simbólico y frontal jalonado por palmeras. El friso plasma las teorías de santos desde Flandrin hasta Saint Vicente de Paul así como las de la iglesia de Saint-Apollinaire en Ravenne. Charles Joseph Lameire dibujó el cartón y Auguste Guilbert-Martin dirigió su transcripción en mosaico. Guilbert-Martin, químico de formación, abrió en 1879 un taller de mosaistas y se encargó de la ornamentación de los institutos Montaigne y Fénelon, del Panteón y del teatro del Palacio Real. Fabricaron las teselas los mejores trabajadores de la Manufacture de Sèvres y ésta, para facilitar el trabajo, abrió un taller en Gobelins.
(Distrito 8) avenue Winston Churchill Gian Domenico Facchina, 1897-1919
Mosaicos del pavimento del vestíbulo, de las galerías y del peristilo, Petit Palais
Para el Petit Palais, construido para la Exposición Universal de 1900, Girault buscaba la fastuosidad de un palacio con la solemnidad de un edificio público. El mosaico, un elemento lujoso, decorativo y, además, resistente, se expande en motivos geométricos o vegetales sobre el suelo de las galerías, pabellones, en el hall de la entrada y en el peristilo. También dibuja bellas flores acuáticas doradas sobre un fondo azul en la orilla de los estanques del jardín interior.
Estos mosaicos son obra de Gian- Domenico Facchina (1826-1903), artesano nacido en Frioul, formado en la restauración de mosaicos en Saint Marcos en Venecia y, posteriormente en Saint-Martin-d’Ainay, Lyon. Gracias a su nueva técnica, la colocación directa o por inversión (las teselas se ensamblan en el taller, se cubren con papel grueso y son adheridas directamente al cemento fresco), alcanzó su primer éxito en la Exposición Universal de 1855, reafirmado por el de la ópera de Charles Garnier en 1867. Los mosaicos de Facchina, fáciles y rápidos de colocar, no muy caros y de calidad, se extendieron en Francia y en el extranjero. La obra parisina de Facchina es colosal, va desde decorados de museos (Galliera, Grévin, Carnavalet) a grandes superficies comerciales (Printemps, Le Bon Marché), pasando por galerías (Vivienne), bancos (Comptoir national d’Escompte), centros escolares (lycée Louis-le-Grand, collège Chaptal) e incluso teatros (Antoine).
(Distrito 8) Avenue Winston Churchill Edouard Fournier y Auguste Guilbert-Martin 1900
Frisos de la fachada del Grand Palais
La Ciudad de París, creó para la Exposición Universal de 1900 un eje triunfal que une los Inválidos con los Campos Elíseos. El arquitecto Charles Girault, ganador del Premio Roma en 1880, fue el encargado de la dirección del proyecto. Henri Deglane, Albert Louvet y Albert Thomas construyeron el Grand Palais. Bajo el peristilo de la fachada, se prolongan dos frisos de más de 75 metros de longitud con un mosaico de esmalte y de oro. Esta técnica, escogida por su resistencia, su color y su aspecto glamuroso, era del gusto de Girault. Admiraba los mosaicos antiguos y construyó en el Instituto Pasteur una cripta adornada con mármol y mosaicos siguiendo el modelo del mausoleo de Galla Placidia en Ravenne. Fue Guilbert-Martin quien plasmó el cartón propuesto por otro Premio de Roma, Louis-Edouard Fournier. En éste se encontraban representadas las grandes civilizaciones europeas tal y como se las veía en el momento. Así, sucedía Egipto a Mesopotamia, la Roma de Augusto a la Grecia de Pericles, el Renacimiento italiano y francés a la Edad Media y la Europa industrial a la de las artes clásica y barroca. Las civilizaciones más lejanas permiten glorificar la Francia colonizadora: el África mediterránea y subsahariana, Oriente y el subcontinente indio, Sureste asiático e Indochina, la Cochinchina y los paisajes annamitas, Extremo Oriente con representaciones de China y Japón y, para terminar, representaciones de las dos Américas.
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Petit Palais Gian Domenico Facchina 1897-1900 |
Iglesia Sainte Marie Madeleine Charles Joseph Lameire et Auguste Guilbert-Martin 1888-1893 |
Iglesia Sainte-Anne-de-la-Butte-aux-Cailles Charles Mauméjean 1937-1941 |
El mosaico comparte con el vitral, mosaico translúcido, su material básico (el vidrio), su efecto (una yuxtaposición de piezas de colores) y su modo de creación (que exige la colaboración de un diseñador y de un realizador).
No obstante, sus usos son más variados (decorado del pavimento o parietal, incluso mobiliario y decorado civil o religioso). No son pocos sus encantos y, en ocasiones, rozan la paradoja. A la inalterabilidad del material se suma la vibración de su color, esencial en los debates sobre la arquitectura policroma. Así, esta técnica permite conjugar solidez y belleza, higiene y fastuosidad.
El uso del mosaico responde a veces a exigencias estilísticas, como la voluntad de utilizar elementos decorativos arcaicos o de desmarcarse respecto a una tradición mediante la recuperación de modelos antiguos, paleocristianos o bizantinos combinados con creaciones originales.
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